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Triglicéridos y colesterol LDL altos: por qué aumentan y cómo disminuirlos

Foto del escritor: Esaú  Olivar
Esaú Olivar
17 jul
6 min de lectura

Cuando un estudio de laboratorio reporta triglicéridos o colesterol elevados, no significa que todas las grasas de la sangre sean iguales. Cada una tiene un origen, un significado clínico y una estrategia de tratamiento diferente. Comprenderlas ayuda a tomar decisiones sostenibles para proteger el corazón, el cerebro, el hígado y el páncreas.




¿Qué son los triglicéridos?

Los triglicéridos son la principal forma en que el organismo almacena energía. Después de comer, las calorías que no se utilizan de inmediato —en especial las procedentes de azúcares, harinas refinadas, alcohol y exceso de energía— pueden transformarse en triglicéridos y almacenarse en el tejido adiposo. Cuando permanecen elevados, suelen acompañar a resistencia a la insulina, diabetes, obesidad abdominal, hígado graso o consumo excesivo de alcohol. Además, las partículas remanentes ricas en triglicéridos pueden favorecer la aterosclerosis.


¿Qué significa tener el colesterol elevado?

El colesterol es necesario para formar membranas celulares, hormonas y ácidos biliares. Como no se disuelve en la sangre, viaja dentro de lipoproteínas. La lipoproteína de baja densidad, conocida como LDL, transporta colesterol hacia los tejidos. Cuando hay demasiadas partículas LDL circulando durante años, pueden penetrar en la pared de las arterias y favorecer la formación de placa de ateroma. Por eso, el LDL es el principal objetivo para prevenir infarto, enfermedad vascular cerebral y otras complicaciones cardiovasculares.

El valor adecuado de LDL no es igual para todas las personas: depende de la edad, diabetes, presión arterial, tabaquismo, enfermedad renal, antecedentes familiares y presencia de enfermedad cardiovascular. En general, cuanto mayor es el riesgo cardiovascular, más bajo debe mantenerse el LDL.[1]


¿Por qué se elevan los triglicéridos?

Alimentación y estilo de vida: • Bebidas azucaradas, refrescos, jugos, aguas frescas endulzadas y cafés con azúcar o jarabes. • Pan dulce, galletas, postres, cereales azucarados, dulces y otros azúcares añadidos. • Grandes porciones de pan blanco, arroz blanco, pasta y productos de repostería. • Alcohol, exceso de calorías, aumento de peso, obesidad abdominal y poca actividad física. • Dietas abundantes en grasas saturadas y alimentos ultraprocesados.


Enfermedades y situaciones clínicas: • Diabetes con glucosa elevada, resistencia a la insulina, síndrome metabólico y obesidad. • Hipotiroidismo no controlado. • Enfermedad renal crónica o síndrome nefrótico. • Enfermedad hepática, inflamación intensa, infección grave o síndrome de Cushing. • Embarazo, especialmente durante el tercer trimestre. • Alteraciones hereditarias del metabolismo de los triglicéridos.


Medicamentos: algunos glucocorticoides, estrógenos orales, tamoxifeno, retinoides como isotretinoína, ciertos diuréticos, betabloqueadores, antipsicóticos atípicos, inmunosupresores y determinados tratamientos contra el VIH o el cáncer pueden elevarlos. Esto no significa que deban suspenderse: el médico debe revisar el beneficio, la dosis, otras causas y posibles alternativas.


¿Por qué se eleva el colesterol LDL (colesterol malo)?

Las causas más frecuentes son predisposición genética —incluida la hipercolesterolemia familiar—, consumo frecuente de grasas saturadas o trans, aumento de peso, obesidad, resistencia a la insulina, diabetes, hipotiroidismo, enfermedad renal, síndrome nefrótico y algunas enfermedades que obstruyen el flujo de la bilis. También pueden influir ciertos diuréticos, glucocorticoides, inmunosupresores, retinoides y tratamientos hormonales.

En ocasiones, una persona se alimenta adecuadamente y aun así mantiene un LDL muy alto debido a su genética. En esos casos, la dieta ayuda, pero suele no ser suficiente por sí sola.


¿Cuándo deben preocupar especialmente los triglicéridos?

De manera orientativa, los triglicéridos en ayuno se consideran elevados desde 150 mg/dL. Entre 150 y 499 mg/dL se habla de elevación leve a moderada; a partir de 500 mg/dL aumenta el riesgo de pancreatitis, y el peligro es particularmente importante cuando alcanzan o superan 1,000 mg/dL.[2] Un resultado de 500 mg/dL o más requiere valoración médica oportuna. Ante dolor abdominal intenso y persistente, náusea o vómito —sobre todo con triglicéridos muy altos— se necesita atención médica urgente.


Alimentación para disminuir los triglicéridos

1. Retira primero el azúcar líquida. Sustituye refrescos, jugos, aguas frescas, bebidas deportivas y cafés endulzados por agua simple, agua mineral sin azúcar, té o café sin azúcar. La fruta entera es preferible al jugo porque conserva la fibra y produce mayor saciedad. 2. Reduce azúcares añadidos y harinas refinadas. Disminuye postres, pan dulce, galletas, cereales azucarados, dulces y grandes porciones de arroz, pasta o pan blanco. Prefiere avena, tortilla de maíz, frijoles, lentejas, garbanzos, verduras y porciones moderadas de cereales integrales. 3. Evita alcohol cuando estén muy elevados. Si los triglicéridos son de 500 mg/dL o más, lo más seguro es evitarlo hasta que el médico determine que el nivel está controlado.


4. Mejora la calidad de las grasas. Prefiere aceite de oliva o canola, aguacate, nueces, almendras, cacahuates naturales y semillas. Consume pescado —como sardina, salmón, atún o trucha— con regularidad. Los suplementos de omega-3 de venta libre no sustituyen una prescripción médica ni tienen la misma concentración que los productos utilizados para tratar hipertrigliceridemia. 5. Busca una reducción de peso gradual cuando exista exceso de adiposidad. Una pérdida aproximada de 5% a 10% del peso corporal puede mejorar los triglicéridos, la glucosa y la resistencia a la insulina. Debe lograrse con un plan sostenible, no con ayunos extremos ni dietas de moda.[2]


Alimentación para disminuir el colesterol LDL

1. Sustituye grasas saturadas por grasas insaturadas. Cambia mantequilla, manteca, carnes grasas, embutidos, crema y quesos grasos por aceite de oliva o canola, aguacate, semillas, nueces, pescado, leguminosas y carnes magras. No basta con comer “menos grasa”; importa el tipo.[3] 2. Aumenta la fibra soluble. Incluye avena, cebada, frijoles, lentejas, garbanzos, manzana, cítricos, nopal, chía y linaza. Auméntala gradualmente y acompáñala con suficiente agua. 3. Elige alimentos mínimamente procesados. Da prioridad a verduras, frutas enteras, leguminosas, cereales integrales, pescado, aves, lácteos bajos en grasa y grasas vegetales no tropicales. Reduce embutidos, comida rápida, frituras, panadería industrial y productos ultraprocesados.


4. No te concentres solamente en el huevo. Para la mayoría de las personas, el colesterol de un alimento aislado ya no es el principal objetivo nutricional. El patrón completo y, en particular, la cantidad de grasa saturada tienen mayor relevancia. En personas con dislipidemia, diabetes o riesgo cardiovascular alto, la cantidad y frecuencia deben individualizarse.[3]


Ejemplo práctico de un día

Desayuno: avena cocida con leche descremada o bebida de soya sin azúcar, canela, fruta y una cucharada de nueces o semillas. Comida: medio plato de verduras o ensalada; un cuarto de pescado, pollo sin piel o leguminosas; un cuarto de arroz integral, frijoles o dos tortillas de maíz; agua simple. Colación: fruta entera con un puño pequeño de nueces naturales, o yogur natural sin azúcar. Cena: sopa de lentejas con verduras, ensalada de nopales o tostadas horneadas con frijoles, verduras y aguacate.


Otros hábitos que ayudan

• Acumula al menos 150 minutos por semana de actividad física aeróbica moderada, según tu condición. • Interrumpe periodos prolongados sentado y camina después de las comidas cuando sea posible. • Mantén horarios regulares de sueño, evita tabaco y controla glucosa, presión arterial y peso. • No suspendas estatinas, fibratos u otros medicamentos sin indicación médica. La alimentación es la base, pero las estatinas siguen siendo el principal tratamiento farmacológico para reducir LDL y riesgo cardiovascular cuando están indicadas.[1]


¿Cuándo conviene solicitar valoración médica?

Busca evaluación profesional si tus triglicéridos son de 500 mg/dL o más, el LDL es de 190 mg/dL o más, existe diabetes, enfermedad renal o cardiovascular, antecedentes de pancreatitis, o familiares con infarto o enfermedad vascular cerebral a edad temprana. También conviene revisar posibles causas secundarias, medicamentos y antecedentes hereditarios.


Resumen

Los triglicéridos suelen responder especialmente a reducir azúcar, bebidas endulzadas, harinas refinadas, alcohol y exceso de peso. El LDL disminuye principalmente al sustituir grasas saturadas por grasas insaturadas, aumentar fibra soluble y seguir un patrón basado en alimentos mínimamente procesados. El objetivo no es perseguir una cifra aislada, sino reducir el riesgo cardiovascular total mediante alimentación, actividad física, control de enfermedades asociadas y tratamiento médico individualizado.

Este contenido es educativo y no sustituye una valoración médica ni un plan nutricional personalizado.





Referencias

1. Blumenthal RS, Morris PB, Gaudino M, et al. 2026 ACC/AHA/AACVPR/ABC/ACPM/ADA/AGS/APhA/ASPC/NLA/PCNA guideline on the management of dyslipidemia. J Am Coll Cardiol. Published online March 13, 2026. doi:10.1016/j.jacc.2025.11.016. 2. Virani SS, Morris PB, Agarwala A, et al. 2021 ACC expert consensus decision pathway on the management of ASCVD risk reduction in patients with persistent hypertriglyceridemia. J Am Coll Cardiol. 2021;78(9):960-993. doi:10.1016/j.jacc.2021.06.011. 3. Lichtenstein AH, Khera A, Anderson CAM, et al. 2026 dietary guidance to improve cardiovascular health: a scientific statement from the American Heart Association. Circulation. Published online March 31, 2026. doi:10.1161/CIR.0000000000001435.

 
 
 

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